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martes, 9 de mayo de 2017



Novias de Blanco y Negro en la Lima del Siglo XIX: Moda o Luto?
Jasón Enrique Mori Julca




INTRODUCCIÓN

En la Lima del Siglo XIX la moda tenia dos formas de dictarse, la primera era por medio de la moral y de los espíritus conservadores dictados por la era Victoriana, la segunda era aquella que la dictaba la misma moda en si y que provenía de la capital de entonces en estas normas, París. Si bien es cierto en la Lima de entonces se huso la saya y manto, traje típico de la tapada que fue el vestido por tradición de la antigua capital de los virreyes españoles y que fuera descrito por cuanto viajero pasara por la capital. Este traje se utilizo hasta según crónicas locales entrados los años de 1850 pero fue reemplazado por las anchas faldas de crinolina y ropas un poco mas sueltas a la figura femenina. Esta es posteriormente cambiada en los 60 y 70 por ropas un poco mas holgadas y a la vez en los 80 por ropas mas ceñidas al cuerpo que en los 90 fueron soltándose las faldas para entrar a un nuevo siglo con vestidos mas atrevidos y en los que el hombro y los brazos eran mas mostrados y no quedaban solo relegados a vestidos de gala o de cena.


Se habla de que las novias llegan de blanco al altar y que ello simplifica la pureza de la misma. Pero de donde surge esta moda del blanco? y antes, ¿de que color era su vestimenta? Algunos señalan en la protagonista principal de esta moda a la Reina Victoria como autora de esta moda, en la Inglaterra de entonces el casarse significaba llevar un tipo de color según su Posición u orden de realeza así existían los vestidos de novia color rojo, lila, negro y marfil. En vista de tales colores la entonces Reina decidió tomar la determinación de romper ciertas antiguas costumbres y casarse de blanco. Otros, por el contrario, señalan que fue la entonces novia del Emperador Francés Napoleón III.

El huso del traje de novia propiamente no esta registrado en nuestra ciudad capital pero mediante el estudio de las fotografías podemos darnos una idea que pudo haber sido introducido al mismo tiempo en que puede haberse ideado, una de las imágenes de la muestra nos refleja la utilización de un traje de novia con crinolina lo que demuestra que este se usaba entrado los año 1850. Las mismas imágenes nos muestran trajes diversos pero principalmente el ceñido al cuerpo de amplio velo blanco y muchas veces el traje de novia era decorado como con guirnaldas de flores que colgaban del vestido principalmente entre los 70 y 80, siendo ya no utilizados en años posteriores. La novia se coronaba con un arreglo floral y en la mano llevaba el clásico boquee. En algunos casos se llevaba otro pequeño arreglo floral a la altura del corazón, el huso del guante blanco era otro accesorio que quedaba al criterio de la novia. 

La nefasta Guerra con Chile trajo muchos cambios sociales y económicos a nuestra patria, divido posiblemente a las casualidades del destino y a la moda la guerra con Chile sucede cuando en Europa se utilizaba los colores oscuros como el chocolate y el negro para los trajes de novia, unos era por moda y otros eran para luto el cual después de un año la viuda podía casarse nuevamente pero vestida de negro, en otras debido al fallecimiento de un familiar se casaban de negro. Las primeras referencias sobre dichas costumbres llegan hasta nuestras días muchas veces debido a lo que nos han contado nuestros abuelos o aquellos parientes ya desaparecidos, pero esta versión cobra mayor fuerza cuando en 1979 Guillermo Thordike publica en su conocida obra “Autorretrato” imágenes de dichas novias de negro señalando que vestían el luto producto de la perdida del Huascar y de nuestra provincia sureña de Tarapacá, lo cierto es que ni Porras, ni Basadre señalan dicho acontecimiento como causa de este repentino cambio de moda nupcial de acto privado a acto de protesta, no existe dentro de nuestras conocidas asociaciones feministas una referencia simbólica de este hecho que hubiese pasado desapercibido y que haya sido tomado como estandarte de acto de protesta por parte de dichas asociaciones con respecto a la mujer peruana del siglo XIX. Lo cierto que esta moda de vestir a la novia de negro apareció en el Perú en un momento en que cruzaba su peor sitial dentro de su historia y que esto fue tomado como medio de expresión ante los acontecimientos y que luego de concluida la guerra prosiguió como un símbolo de luto ante acontecimiento particulares de la pareja. Lo mas claro esta que esta moda no desapareció con el siglo XIX, siendo hasta entrado el nuevo siglo practica de algunas novias de nuestra ciudad capital. Esta exposición trata, además, de poner en debate la siguiente incógnita: Fueron las novias de negro una moda o un luto por la Guerra con Chile?.

LA MODA EN LIMA A MEDIADOS DEL SIGLO XIX

El Vestuario y la imagen / Alberto Bertanzi.
1830-1899 Romanticismo (nuevo rococó), en el vestuario femenino de 1830 a 1840 la falda se amplia y es vaporosa; hacia la década de 1870 vuelve la crinolina mientras los acontecimientos sociales daban fin al lujo y la llegada de formas poéticas en las líneas (muy usual en el rococó 1720-1784), después de 1870 la crinolina es cambiada por una forma de “silla de montar” ó “asellino” en los últimos 20 años del siglo las líneas se simplifican, los pliegues son mas acampanados, las mangas son a “muslo de montón”. El traje masculino estaba constituido por el “Frack” con chaleco (antes de 1850) después de 1860 se usa el sobretodo completado por la “tuba”, sombrero de forma cilíndrica.


Trajes y tocados de las limeñas a través de cuatro siglos / Pedro M. Benvenuto Murieta. – Lima :
ENAE, 195-?
Numerosos retratos del 60 al 70 nos ofrecen la visión de pulcras mantillas de encajes blancos o negros, llamaban las por entonces en Lima basquinas, dado al vocabulario acepción muy diferentes de los españoles que significaba cierta especie de falda.
Los vestidos de baile y los caseros competían en todo los moldes parisienses, que vulgarizaron los periódicos ilustrados y los figurines. A raíz de la guerra del 79 obtuvieron preferencia las mantas que solo tenían bordada la guardilla y, después, las llamaban de vapor con primorosas blondas.

Modas de ayer y elegancias que fueron / María Wiesse. – Lima : ENAE, 195?
El traje de la tapada, traje nacional que se usaba desde inicios de la colonia hasta 1850 en que como señala Fuentes en su obra Lima “Las rigurosas y recientes modas de París se aclimataban inmediatamente en Lima”. En 1854 para el paseo se usaban capas y abrigos cortos con los que se llevan los sombreros y capotas. Las mangas son largas, angostas de arriba van anchándose hasta llegar al puño donde a veces se cierran otras quedan abiertos. Antes de 1880 las faldas eran amplias, se usaban las crinolinas, el fichú, la angosta cinta de terciopelo alrededor del cuello, el escote ya no es en punta, ni el corpiño ciñe tan apretante el talle. La línea se hace mas flexible. En 1880 el traje se hace ondulante por ser confeccionado en seda crujiente; las faldas muy largas se prestan a ser recogidas con movimientos graciosos, los corpiños suben ocultando el cuello. Las modas de 1880 todavía tienen carácter, son distinguidas, muy femeninas, favorecen a las mujeres delgadas, de rostro fino y maneras aristocráticas. De 1895 a 1914 el traje femenino es antiestético, híbrido; adoleciendo de indecisión.

  
 Escena de calle de Lima, 1844
                                                         Por Mauricio Rugendas (1802-1858)


NOVIAS DE BLANCO Y NEGRO

NOVIAS DE BLANCO

Aunque para finales de los 1830's y principios de los 1840's ya se confeccionaban vestidos de novia en un suave color marfil. Estos vestidos eran de una hechura bastante simplista, de hecho en ocasiones el velo llegaba a ser  la parte más elaborada del atuendo nupcial.


Courret, Eugenio
Sr. E.G. Fraser y Sra. Lima, 1880.

1 placa de vidrio; negativo: 12x18 cm

La boda de la Reina Victoria de Inglaterra en 1840 marcó una ruptura con la tradición y decidió revelarse en el día de su boda  abandonó el protocolo asociado a los colores casándose de blanco, ya que hasta entonces predominaban los tejidos nobles (brocados, terciopelos) en tonos rojos (símbolo de poder y color preferido por las novias de las casas reales europeas), que desde que existe historia escrita, el vestido de novia siempre había sido de color Rojo o variantes del mismo, curiosamente esta costumbre se observaba en todo el mundo incluso en China y la India, países que tienen un gran ceremonial de casamientos, los otros colores usados por aquellos años eran el dorado (en túnicas y tejidos ricos) o el plateado (sobre todo en brocados), que delataban el status social de la novia. Otros colores comunes como azul, rosa, verde, café oscuro eran utilizados indistintamente. Desde entonces, el traje de novia blanco, que durante la época antigua ya tenía connotaciones de limpieza y pureza en los países católicos, se empezó a asimilar con la virginidad.
A partir de esta época, el vestido de novia siguió las tendencias del vestido elegante, aunque lo
que diferenciaba el vestido de novia de este último no era tanto el corte como el uso de lujosos tejidos, como el damasco y el satén, y de preciosos encajes en su elaboración. Otros señalan que la tradición cambió en la época de Napoleón III, cuando su esposa en 1860 usó por primera vez un vestido blanco y amplísimo que lució el día de su boda, tanta fue la conmoción que causó que desde ese día las novias se visten de blanco en casi todo el mundo, y son usados solo una vez solo para demostrar la riqueza de la familia.

Hacia 1850 se extendió el uso de la crinolina y de la enagua de aros, que daba a la mujer una apariencia de triángulo de base ancha. A mediados de 1860, la crinolina empezó a desplazarse hacia la parte trasera de la falda.   
En la década de 1870, bajo la influencia del diseñador Worth, el vestido de novia se inspira en el traje de baile característico del siglo XVIII. El refinamiento y la distinción caracterizaban estas prendas. Por esta década el blanco  y para los 1880's la mayoría de las mujeres usaban los colores claros -blanco y marfil-, pero aún era muy común ver a las novias vestidas con su mejor vestido "dominguero".

En el día de su boda, las jóvenes con posibles lucían dos versiones del mismo vestido: uno más recatado con manga larga y cola para la ceremonia, y otro con un corsé más escotado y sin cola para la noche.
Asimismo, en esta década, la falda empezó a crecer por detrás, y se solía llevar recogida en la parte posterior para darle una forma exagerada. Los velos, elaborados a mano, se llevaban largos, prendidos en la parte baja de la cabeza con flores de naranjo. Cuando la ceremonia había terminado, el velo se retiraba hacia atrás.
En 1880 triunfa el ideal de mujer ornamentada: el vestido se pega al cuerpo, las faldas adquieren volumen en su parte posterior y los adornos y los lazos se multiplican. El vestido no tiene costura horizontal en la cintura, sino que utiliza pinzas verticales para ajustarse a ésta, realzando de así el busto y las caderas de la novia.
Sin embargo, en 1890, la moral Victoriana recrea la mujer modesta, piadosa y sumisa. El vestido de novia se hace eco de esta moral y representa la aceptación integral de estos valores.

Son vestidos de manga alta y cuello alto, recatados. Incluso las manos de la novia deben quedar cubiertas en público. La línea de la falda parece un embudo, dibujando una figura esbelta con un bajo acampanado. El velo pasa a ser obligatorio y se lleva prendido sobre complicados peinados. Los ramos, cada vez más voluminosos, son recogidos con mucho decoro.
El machismo que siempre ha imperado a lo largo de la historia, ha obligado a la mujer llegar al día de su matrimonio, virgen.  Esto se representa de varias formas ese día, ya sea por el peinado, los adornos que se llevan y, principalmente en los tiempos modernos (como se mencionó arriba), el vestido debe ser claro, de preferencia blanco, ya que esto indica pureza.
La pose del hombre sentado y de la novia de pie, es una de las poses más comunes en los retratos, revelaba el lugar secundario de la mujer en la sociedad patriarcal. Existían otras poses en las que el velo se exhibe aparte, por lo que se puede suponer que el estar de pie y sin velo es un tributo al lucimiento de las galas nupciales. Otras muestran a los novios de pies juntos o separados por algún mueble.
El velo sobre el rostro, que actualmente es un adorno más de la indumentaria de la novia, en la antigüedad simbolizaba la pureza y castidad de la contrayente. Se podía retirar hasta que la celebración terminaba y así el novio al besar a la novia "recibía su pureza".
En los retratos las ambientaciones ganaron espacio en las fotos de boda. Telones pintados, muebles de época incierta y otros recursos escenográficos daban clima a la composición.
Estos elementos fijos y escenográficos respondían en parte al tiempo que demandaba la toma fotográfica. Naturalizar tantas demandas y personalizarlas fue el desafío cumplido por los especialistas del género.
En esta época moderna, el vestidos blanco llega  a ser accesible a la mayoría de la población, cosa que antiguamente solo las personas de dinero, podían darse el lujo de de mandar hacerlo, tan glamoroso como su “bolsillo” se los permitiera.

Courret, Eugenio
Sra. Josefina Laverne. Lima, 1885.
1 placa de vidrio; negativo: : 18 x 24 cm.


NOVIAS DE NEGRO
¿Desde cuándo una novia vestida de negro? Desde siempre. Antes del Barroco, del Renacimiento e incluso antes de la Edad Media - épocas en que los colores ricos triunfaban entre las novias -, el traje de novia era de color negro u oscuro. Hasta bien entrado el siglo que dejamos atrás, y antes de que la tradición de casarse de blanco se generalizase, las novias vestían de negro (aunque la mayoría de las veces la mantilla blanca fuera un complemento imprescindible).


Castillo, Rafael
Novia vestida de negro. Lima 188?
1 placa de vidrio en colodión; negativo: 13x18 cm.

Por ese entonces, para la novia de clase media le era más práctico vestir colores oscuros por varias razones. La razón de mayor peso era la económica. Una novia prudente siempre es previsora -un vestido de novia puede ser usado, posteriormente, y en   muchas ocasiones, no sólo en su "día especial"-. Un vestido de novia pasaba a ser el mejor vestido de noche una vez terminada la ceremonia nupcial, y claro, la preferencia por los colores obscuros se debía a  la mayor facilidad para mantenerlos limpios.



Courret, Eugenio
Sr. Juan Graziani y Sra. Lima, 1886.
1 placa de vidrio; negativo: 12x18 cm.

Un vestido negro también podría usarse si la novia fuera a contraer nupcias con un viudo o ella estaba de luto ya sea por un familiar o al cumplir 1 año de viudez, la costumbre era frecuente hasta la década del veinte tanto para las viudas de zonas rurales como para las jóvenes contrayentes de clase urbana acomodada. De hecho, estos vestidos de peculiar elegancia eran llevados en más de una ocasión y en la sociedad norteamericana del siglo XIX era obligado usarlo al cumplir el primer aniversario de casamiento. Esta costumbre de casarse de negro posiblemente haya sido adquirida por diversas sociedades a partir de la vida social de la mujer piamontesa.

Dubreuil, Adolphe
Sr. Leopoldo Basurto y Sra. Lima, 1888.
1 placa de vidrio; negativo: 13 x 18 cm.



Courret, Eugenio
Sra. Venecia Navarro. Lima, 1885.
1 placa de vidrio; negativo: 18x24 cm.

viernes, 8 de mayo de 2009

LA FOTOGRAFÍA POST-MORTEM EN EL PERÚ (SIGLO XIX)

Jason Mori
Colaborador
Curador e investigador

Introducción

La imagen del cuerpo yaciente producto de la muerte es una practica muy antigua como el retrato mismo de la muerte. En la mayoría de los casos tenemos que la imagen de la muerte data de la época medieval y se la representa como un esqueleto a veces vestido otras veces sin ropas, pero siempre acompañado de una gran hoz con la cual se dice cortaba los nexos existentes con la vida. Esta imagen medieval era también sinónimo de guerra y de peste, la muerte montada sobre un caballo, que manifestaba similar estado de deterioro, o con un aspecto espectral, era la clásica imagen de la guerra, donde iba acompañaba de una gran trompeta, paseándose entre los cuerpos inertes dejados por las batallas.


Otra representación clásica medieval de la muerte fue su transfiguración en durante la época de la peste negra; se la representaba volando sobre la humanidad o posando en un risco ante los seres humanos yacientes o a punto de fallecer.


La pintura por entonces jugaba un papel determinante dentro de la representación grafica de estos personajes. La creación de la imprenta en 1481 por Gutemberg hizo que la imagen de la muerte se extendiera principalmente en la obras de corte religiosa como en la Biblia (especialmente en el libros del Apocalipsis), también encontró otras formas de representación en los textos médicos, donde se la ilustraba los casos de enfermedades graves; también encontró un espacio gráfico en las obras de carácter filosófico. Por otro lado, no se la desliga de la heráldica, donde juega un importante papel dentro de las diversas categorías existentes.
Una imagen clásica y representativa de nuestro arte virreynal lo constituye la escultura realizada por Baltazar Gavilán “la muerte”, que según tradición conocida, el autor murió de la impresión al ver el parecido que había logrado en relación al objeto de su escultura.

El acto del cuerpo yaciente producto de la muerte es representado desde la época paleolítica en las antiguas cavernas y en las diversas manifestaciones culturales prehistóricas. Los egipcios llegaron a considerar a sus momias como personas en tránsito entre esta vida y la muerte, las momias son pues unas de las primeras imágenes post mortem de la historia registrada.
Dentro de nuestra cultura juega mas la importancia de los sacrificios y el cuerpo mutilado del enemigo entregado como ofrenda al dios sol u otras entidades panteístas, así los sechines adornaron sus frontis de sus templos con las cabezas y parte de las vísceras de sus sacrificados, al igual que este centro militar-religioso en Casma (Ancash) en Lima norte, en Garagay, se representaba de igual modo a las cabezas sacrificadas y los guerreros con ellas. Siglos más tarde, bajo la influencia Chavin, otras culturas del periodo formativo temprano hicieron reflejar el carácter de sacrificio y muerte de los prisioneros, como lo muestran algunos vestigios dejados por la cultura Mochica. La culturas más tardías como son la “Inca” y “Chachapoya”, no solo rendían culto a sus muertos en sendas fiestas sino que construían templos para ser utilizados como tumbas reales; por otro lado, en las ilustraciones de Guaman Poma encontramos representadas las fiestas en honor a los muertos, durante el mes de noviembre. Sin olvidar que los aymaras levantaron para sus muertos monolíticas estructura que ahora conocemos como chulpas y en la amazonía, los habitantes del Gran Pajaten protegían a sus difuntos en sarcófagos llamados pichos o picudos.
LA FOTOGRAFÍA POST-MORTEM EN EL PERÚ (SIGLO XIX)


La fotografía post mortem en el Perú es una tradición social que se ha ido perdiendo con el transcurrir de los años, si nos remontamos a la historia del arte inicialmente el retrato post mortem era el precedente de esta actividad, uno muy conocido seria el de Santa Rosa de Lima fechado poco después de acontecido el suceso (1617) y realizado por el maestro Angelino Medoro. Posteriormente otros pintores buscaron plasmar en el lienzo el tema de la muerte. Grandes maestros como Merino o Lazo incluyen dentro de su trabajo pictográfico el hecho del cuerpo yaciente. Posteriormente acaecido la llegada del daguerrotipo por Maximiliano Danti en 1842, el retrato post mortem toma uso desde junio de 1844 cuando el Francés P. Daviette se anunciaba como «artista fotogénico recién llegado de París» el cual se encargaba en «Retratar los difuntos, como cuadros al óleo, etc.».
Pero por qué fotografiar a los difuntos, a los pequeños párvulos fenecidos?... la respuesta, observando el arte de muchos daguerrotipistas y posteriormente de los fotógrafos era el buscar la ultima imagen del ser querido, así las familias podían contar con una retrato de ese entrañable hijo o del padre. Para nuestra actualidad y producto de los medios de comunicación estas imágenes nos traerían un poco de repulsión y hasta miedo pero observando el conjunto nos puede llenar de paz y de fuerza de saber que se cuenta con la imagen de la persona que nos abandonó. Furnier, un reconocido fotógrafo de le época, comunicaba por entonces:

“Las familias que tengan la desgracia de perder algún deudo de quien deseen poseer un momento de esta naturaleza pueden lograrlo por medio del daguerrotipo, para cuyo efecto el profesor - Furnier -ofrece ejecutar el retrato en el mismo aposento mortuorio; como es costumbre en Europa en el día.”


Furnier”, El Comercio. N° 2036. Pág. 4. 27 de Marzo de 1846.


Es quizás por ello que muchos de los retratos están artísticamente arreglados. Si bien, tanto Courret como Castillo diseñaron un modelo un tanto simple para retratar a los difuntos (llegando a lo mas sencillo en el caso de Castillo, a excepción de la imagen de Rosa Cáceres y Meiggs muertos) Dubreuil en cambio es mas artístico, el trabajo en estudio de finales del ochocientos es notable y conmovedor. El retrato de niños y de bebés era mas común por entonces, recordemos que nuestra medicina como en general en todo el mundo para el siglo XIX no estaba lo suficientemente avanzada para evitar hechos lamentables por ello los mas afectados eran los párvulos que no teniendo mayores esperanzas de vida al nacer en Lima, se entregaban a la muerte; entonces, muchos padres a entrar en luto y a comunicar el hecho a los parientes mas cercanos; en estos momentos es que se procedía a retratar al pequeño, por lo general muchos fotógrafos o daguerrotipistas ofrecían retratar al muerto en su lecho, es decir en su hogar pero al parecer, por las fotografías presentadas en esta exposición, muchos eran llevados al estudio, posiblemente para que pudieran ser arreglados e inclusos maquillados para las tomas.



No cabe la posibilidad que para aquellas familias que contasen con el dinero suficiente para un retrato al colodión, alquilasen algún traje especial que los mismos estudios fotográficos ofrecían. El difunto, en este caso bebés y niños, era retratado desde diversos ángulos, llama mucho la atención que los infantes sean retratados con los ojos abiertos, esto puede ser fácil de entender si buscamos la posibilidad de relacionar el hecho con las costumbres del interior del país, de velar y enterrar a los niños con los ojos abiertos cuando no habían sido bautizados y de tal forma que pudiesen ver la gloria del Señor.
Indagando en los archivos podríamos decir en que momento la imagen del individuo fallecido dejó de ser una imagen bella y privada para convertirse en una imagen pública y comercial. En el año 1863 tras meses de penosa enfermedad fallecía el presidente de la república de entonces Don Miguel de San Román y a las pocos horas de ocurrido el hecho es retratado en su lecho de muerte por Maunoury, quién realizó 2 tomas (al menos hasta el momento son las más conocidas), en una de ellas es mostrado de perfil, imagen que aparece luego en la obra Corona fúnebre del Excmo. Sr. Gran Mariscal Don Miguel San Román, Presidente de la Republica, muerto en la Villa de Chorrillos el 3 de abril de 1863 (Lima: Imprenta del «Mercurio», 1863. 94p.); estas fotos post-mortem fueron posteriormente comercializadas por Maunoury, declarando que su estudio era el único «...en tener las imágenes de dicho personaje».




Este es el punto de partida para entender como un acto privado se convertía en figura pública y motivo de comercio entre las personas , a lo cual contribuyo en gran medida el formato de Tarjeta de Visita o «Carte de Visite» el cual democratizo la imagen fotográfica.


Hablar de la fotografía Post Mortem es referirnos al «Memento Mori», palabra latina que quiere decir «Recuérdame al morir» y está relacionado no solo con el retrato fotográfico, como lo señala Dan Meinwald, sino también con el sitio de muerte, el cuerpo, la guerra, el entierro, el cementerio y la vida futura.


Cabe resaltar que dentro de la literatura existente sobre el tema hay muy pocos tratados que lo aborden; siendo una de las principales fuentes para este montaje, el trabajo de Keith Mc Elroy, quien al igual que nosotros, basa sus estudios en las publicaciones periódicas de entonces, el diario El Comercio principalmente, y en las fotografías o daguerrotipos que se encuentren. En la web si podemos encontrar material sobre el tema y en especial sobre el «Memento Mori» a nivel internacional, las galerías virtuales con retratos de fenecidos abarcan varios sitios. En esta muestra también hemos incluido un porcelanotipo, ejemplar bastante raro dentro de los diversos soportes con que contó la fotografía




EN LA MUERTE

De la niñita Adela Mitchell y Perla
(A sus padres)
¡Ay, el mayor dolor de los dolores

no es recordar los días de ventura

en medio de la mísera amargura,

como lo dijo Dante.

no; que el mayor dolor de los

dolores

es contemplar la pálida hermosura

de la hija idolatrada,

emblema del amor y la ternura

presa del estertor de la agonía

y ver como se extingue su mirada

que ayer nos sonreía

lánguida, vaga, incierta:

¡tocar sus manos y sentirla fría!

¡besar su rostro y encontrarla muerta!

Luis Benjamín Cisneros. Lima, 1899.